No se sabe lo que le dijo Materazzi a Zidane aquella noche de flashes y tensión futbolera.
Hijo de puta terrorista
Es lo que afirman los superlistos lectores de labios del Times, creo que sus peritajes no se admiten en procesos judiciales, así que no han hecho más que echar un poquito de leña al fuego.
Suena muy malamente, hay que reconocerlo.
Pero el italiano niega haber pronunciado ese insulto concretamente, aunque reconoce haberle insultado por su respuesta arrogante cuando le tiraba de la camiseta y le suelta “si tanto la quieres, te la doy después del partido”.
Niega rotundamente haberle llamado terrorista, porque se dice inculto e ignorante de lo que es el islamismo y esas cosas. Y niega también haberle mentado a la madre, que para él es sagrada y personalmente perdió a la suya a los 14 años. Muy creíble.
En frío, cualquiera le habría respondido “anda vete al peo, mamonazo arrogante”. En caliente, se me ocurren cosas mucho más floridas.
Pero si se probara la calidad del insulto como racista, religioso, etc. según los reglamentos actuales de la Fifa se podría incluso llegar a invalidar el título a Italia, con la descalificación de todo el equipo.
Porque el que recurre a la violencia, pierde la razón. Así me lo aprendí yo.
Los provocadores pierden la dignidad y la simpatía del público, pero a menudo consiguen lo que buscan: desequilibrar al rival y obligarle a cometer errores más o menos graves. Es pura estrategia, sucio recurso para llegar al fin deseado.
Unos neofascistas daneses publican en su panfleto caricaturas de Mahoma y en diferentes partes del mundo islamistas surgen descontrolados quemando banderas, destruyendo y llegando a matar en respuesta a esa provocación. Culpables. Sin paliativos.
Cuando se responde con violencia a una provocación, se justifica bastardamente una respuesta más violenta. Es como pulsar botones que accionan mecanismos.
POR FAVOR, NO NOS TOQUEN LOS BOTONES
(mi pésame a Zizou)